La provincia aparece en numeras películas de la cinematografía nacional y más allá (recordemos el suceso de «Siete años en el Tíbet»). Hace meses, Alejandro Fadel filmó la resonante «Muere, Monstruo, Muere», y hace unos días Ariel Winograd llegó para «El robo del siglo».

La historia del cine en Mendoza nos retrotrae al año 1899 cuando por primera vez hubo una exhibición pública en la provincia. En 1935, la película «La barra mendocina» del director Mario Soffici mostró escenarios naturales locales que conquistaron al público y más tarde, en 1943, la llegada del director Carlos Hugo Christensen revolucionó al pueblo de Potrerillos y Tupungato con la presencia del elenco de «Safo, historia de una pasión», entre los que se encontraban Mirtha Legrand, Santiago Gómez Cou, Elisardo Santalla y Roberto Escalada.

«Por su cantidad de horas de luz, que permiten mayor tiempo de filmación en exteriores, y sus paisajes, Mendoza comienza a ser vista como una muy buena plaza para realizaciones cinematográficas. Ello trae aparejado la filmación de producciones de estudios de Buenos Aires y el inicio, al año siguiente (1944), de la compañía mendocina Film Andes», escribe el docente e investigador Javier Ozollo en su artículo «El Cine en Mendoza».

 

Con épocas de mayor y menor esplendor, la provincia ha sido visitada en numerosas oportunidades como set de producción, además de todas las que ha sido locación en producciones mendocinas. A la década dorada de 1950 le sigue una filmografía cuantiosa e interesante de la que «El robo del siglo» es también parte.

 

Así es como los últimos días del rodaje, que duró ocho semanas, fueron en Mendoza con escenas especialmente ocurridas en la montaña y el protagonismo de Diego Peretti, en la piel de Fernando Araujo, el ideólogo del mítico asalto. «Fueron escenas en Potrerillos, el túnel de Cacheuta, Las Vegas, el camino a La Carrera en Tupungato, haciendo rafting en el Río Mendoza, en distintos caminos del perilago y en el Gran Hotel Potrerillos, así que se disfrutó de la Cordillera», explica Marcelo Ortega, quien junto a Juan Pablo Astié acompañaron la producción local a través de Film Andes y Oeste Films. «Al personaje lo detienen en una zona de frontera casi huyendo hacia otro lugar y daba el marco geográfico ideal para que la narración haya podido tener lugar acá», amplía.

«Nosotros hace tiempo buscamos desarrollar a Mendoza como un polo de atracción para inversiones publicitarias y cinematográficas, además de posicionarnos como realizadores de producciones locales hacia el mundo.  Cuando nos reunimos en su momento, en un espacio asociativo novedoso, creamos este clúster y empezamos a pensar que esta industria creativa es un complemento productivo y contribuye al desarrollo de la identidad, para ubicar a esta costa oeste de la Argentina en un lugar para hacer contenidos creativos», dice Marcelo Ortega.

Fotos: Gentileza Film Andes