En mayo pasado, la mendocina que reside desde hace una década en Francia ganó el Premio Itaú por su obra Belén.

«Soc. de Beneficencia de Mendoza. Hogar para Niñas», dice el cartel ubicado sobre el timbre de la casa de la infancia de Marilina Prigent. En una antigua construcción de la Ciudad de Mendoza, antes destinada al cuidado y la crianza de niños, creció junto a su mamá, trabajadora de ese lugar, la artista ganadora en la categoría Jóvenes Creadores de la 6ª edición del Premio Itaú Cultural de Artes Visuales. Entre los 2.500 trabajos de artistas de todo el país, la mendocina que reside desde 2005 en Francia obtuvo el Primer Premio por su obra Belén.

«El video surgió en un viaje que hicimos con mi mamá y mi esposo a Palestina en 2013. Cuando uno viaja siempre tiene una idea de país y en este caso me di cuenta de que por las noches “algo” se manifestaba. Siempre que puedo ando con la cámara; así nació esta obra, de manera espontánea: desde la terraza del hotel empecé a filmar lo que pasaba. Me atrajo mucho la vista de la ciudad, las luces, la penumbra, la sombra de un perro proyectada, el pasar de los niños. Parece como si fuera una cámara de seguridad a la espera de una acción que no sucede», cuenta, aún asombrada con el resultado del certamen.

Por su atractivo singular, «a partir de un clima cinematográfico obtenido con escasos recursos», el jurado consideró que en esta construcción narrativa mucho había de sostenido y atrapante, desde el punto de vista hasta el manejo de la luz, desde el entorno de vigilancia en un contexto marginal hasta una situación de misterio que invita a la imaginación a relatos posibles. Con el dinero obtenido, de $50.000, Marilina proyecta la realización de una obra que hace tiempo da vueltas en su cabeza.

Su madre y una amiga son testigos de la conversación, en la que circula el mate y un bizcochuelo casero relleno de dulce de leche: «Yo me crié acá, con los chicos del hogar, iba a la escuela Ricardo Rojas. Después hice la secundaria en Bellas Artes y más tarde entré en Diseño Gráfico en la UNCuyo», relata. En tercer año de la facultad, Marilina conoció a Christoph, el ingeniero en sistemas francés con el que se casó tres meses más tarde y partió luego con destino a Francia. «Estaba por pasar a cuarto y dejé todo para irme con él», dice. Una vez en Montpellier, la joven persiguió su deseo: «Siempre tuve ganas de estudiar artes. No me animé a eso en Argentina, quizás porque pensaba que con el diseño tenía algo más seguro».

En la Escuela de Bellas Artes de Montpellier cursó Artes Plásticas, entabló contacto con artistas –muchos de ellos docentes–, viajó a Marruecos para realizar pasantías en la galería del francés David Bloch, fue parte de un grupo que organizó conferencias y exposiciones, y comenzó a darle forma a su obra, ligada en un comienzo a los pinceles, más tarde a la escultura, el arte textil y el video. «En Francia me obligaron a dejar la pintura porque no permiten que sigas con algo conocido, te obligan a experimentar y no quedarte en lo seguro», dice.

En la actualidad Marilina Prigent trabaja por primera vez en una serie de serigrafías que le rinde homenaje a un grupo de mujeres de la región de Cerbère (Les immortels) y que expondrá en Francia a fin de mes como única representante de su escuela en una bienal que reúne a egresados de instituciones ligadas al arte en ese país. Coleccionista de cartas, fotografías y archivos de video, su primera obra con la imagen en movimiento traza la correspondencia que mantuvo con un detenido durante algo más de un año: «Es alguien a quien conozco, un conocido del hogar del que ya no tengo noticias porque perdimos el contacto».

Entre el documental y la ficción, se considera una creadora difícil de encasillar que se distancia del arte de denuncia para abrazar una búsqueda poética y experimental. «El arte para mí es un encuentro con todo, con el mundo, con el otro. El artista da a conocer una realidad fragmentada, transcribe su manera de ver el mundo y yo trato de verlo con simplicidad. A mí me gustan los niños, por ejemplo. Buscamos traducir cosas que ellos devuelven sin artificios. Intento que mis obras sean ligeras. Me gustaría que el que viera mi obra la entienda y que todo el mundo pueda acceder al arte».

Aquí puede verse la obra ganadora de Marilina Prigent, con la cual obtuvo el Premio Itaú como Joven Creadora en 2015:

 

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  • Romina Riar

    Me genera una sensación rara lo que hace esta artista. No entiendo muy bien su mirada, quizá es eso.

  • Mario Stocco

    Mira vos que intresante propuesta, nos podría filmar jugando al poker asi se ven todos los truquitos, pero desde arriba.

  • Tomás Smareglia

    Interesante lo que propone esta chica. Habría que investigar más sobre su trabajo.

  • Inés López Dobón

    me gusta mucho lo que estoy viendo de tu trabajo, Marilina. Me provoca emociones que me conmueven. Gracias. Inés