Artista audiovisual, docente y desarrollador electrónico, crea proyectos donde imagen, sonido y mecánica generan sistemas imaginarios de señales concretas.

Para este mendocino instalado en Buenos Aires, ciencia y tecnología son elementos fundamentales para sus proyectos.

Jorge Crowe empezó a trabajar con tecnologías electrónicas, analógicas y digitales, cuando era un curioso estudiante universitario con raíces en Tunuyán y un joven envuelto en el entusiasmo del arte y los compañeros de carrera. Tenía 20 años y los inicios de su obra, tal como se desprende hoy, fueron unos CD´s multimedia de narratividades desplegadas, no lineales, con aportes de video, fotografía, animación y el software del momento. A su formación en Mendoza como Licenciado en Artes Visuales le siguió la decisión de construir base en Buenos Aires, donde vive desde 2006 con las interrupciones que representan los viajes para llevar su obra a otros lugares. Además es docente de la Universidad Nacional Tres de Febrero y la Universidad Nacional de las Artes y desarrolla proyectos enfocados en aplicaciones creativas, educativas y artísticas.

¿De qué modo sentís que se vincula tu infancia con tu producción artística?

El universo simbólico de la niñez creo que es determinante en la práctica de cualquier artista. En mi caso por ahí es más explícito o literal, porque recurro a esos materiales de forma no velada, como los juguetes, el VHS o el trabajo con casetes como soporte audiovisual… No es mi intención tener una mirada nostálgica sobre eso sino revisitar y entenderme y dar pistas sobre situaciones actuales. En ese sentido, me siento un poco en deuda con lo que se llama «arqueología de medios», que es un enfoque teórico que habla de indagar en la tecnología del pasado para entender el presente y darnos pistas acerca del futuro.

Volviendo a tu niñez en Tunuyán, donde creciste, ¿existe relación entre tu vocación artística y tu núcleo familiar?

Si bien en mi familia no hay antecedentes de práctica profesional artística, tanto por el lado de mi viejo como de mi vieja, hay mucha relación con ese territorio. Mi madre y mi tía Mónica han sido siempre muy oficiosas, vinculadas a las manualidades, el tejido, la pintura. Eso histórica y estereotípicamente asociado al universo femenino es muy cercano y parte fundante de mi práctica: el estar sentado repitiendo operaciones pequeñas, me marcó bastante. La música también ha estado presente en ambas ramas familiares y de esta generación, mi hermano Federico practica música en sus tiempos libres y mi hermano Julián está lanzando sus primeros simples de reggaetton y trap.

¿Qué sembró en vos tu paso por la UNCuyo, donde hiciste la carrera de Artes Plásticas?

Si bien no reniego para nada de lo que aprendí en la universidad, lo más potente que me llevo es el grupo humano y amigo con el cual empecé a delirar, a delinear, a armar fiestas y a hacer cosas. Encontré personas afines en la manera de mirar y de actuar en el mundo. Eso fue re potente para mí, especialmente viniendo de un pueblo. De Tunuyán siempre rescato a mi amigo y mi hermano Emiliano Dalmau, que también es artista y que fue mi vecino de toda la vida. Estudiamos luego juntos la carrera y después cada uno siguió por su lado su práctica artística. Fue genial contar con él. A la pandilla de la gente amiga de la universidad, la recuerdo con mucho cariño y agradezco la formación híper académica en artes, grabado, pintura o historia del arte: eso me ha alimentado y me ha dado herramientas para mi trabajo artístico.

¿Tu obra tiene mucho de experimental?

Es una palabra complicada que a veces uso porque hago prácticas difíciles de enmarcar dentro de un territorio específico: es un poco performance, presentación musical, teatro de objetos, instalación. No es una sola disciplina. Una definición que a mí me gusta mucho, de un artista y curador colombiano que se llama Danilo Dueñas, es que «el arte es el ejercicio experimental de la realidad», un concepto que me parece muy lúcido y potente. Desde ese punto de vista, toda práctica artística es un experimento.

¿Cuál es tu manera de comunicarte a través del arte? ¿Qué consideraciones tenés sobre lo que hacés?

Me considero artista audiovisual, docente y desarrollador electrónico; están totalmente ligadas entre sí pero de alguna manera tienen su propia entidad dentro de mi práctica. Soy artista audiovisual porque trabajo tanto dentro del territorio de la música como de la imagen, con presentaciones en tiempo real, como con instalaciones y objetos. Me interesa el sonido, su textura y su materialidad. Docente porque vengo de familia docente y porque amo la docencia y la entiendo dentro de la práctica artística. Me gusta borrar un poco el borde entre la práctica artística y la práctica docente. Me interesa mucho encontrar una pedagogía para la práctica de aproximación a las máquinas y a la tecnología. En cuanto al desarrollo electrónico, me interesa crear tecnología, no solamente usarla, y tengo toda una línea de dispositivos electrónicos que diseño y que son parte de los talleres y de las piezas artísticas que hago.

¿Qué sucede en tus presentaciones en vivo, en tiempo real? Lo tuyo tiene mucho de eso, ¿no?

De las presentaciones en vivo es «Ludotecnia», una basada en juguetes, la que más he hecho. Veo «Ludotecnia» y a las presentaciones en vivo en general como el territorio mío de cocinar ese guiso de influencias, formaciones y trayectos artísticos que he tenido. Las artes visuales, el teatro, el cine, la música: me tomo la licencia de juntar todos esos ingredientes y de cocinar un formato que tiene un poco de cada uno. Siempre un componente visual fuerte, no suelo tocar sin un elemento visual, ya sea un televisor, proyección o luz: siempre hay algo que acompaña lo sonoro. Y como no uso computadoras, la generación tanto de imagen como de sonido tiene que ver con máquinas y es siempre, entonces, sobre las mesas, donde están pasando cosas y está presente la mecánica, el movimiento de elementos o accionándose sistemas de percusión mecánicas. Siempre hay acciones concretas sucediendo sobre la mesa.

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Fotos: Felipe Gabriel, Guido Limardo y Yohan López

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