El artista plástico y cinematográfico, vive en constante traslación. Ha habitado y se ha nutrido de la cultura de seis ciudades del mundo, sus cuadros se han expuesto en casi todos los continentes. El año que viene empezará el rodaje de un filme sobre la “otra” vida de San Martín en París.

Esta vez, 2018 lo encuentra viviendo mitad del año en España y mitad en su Mendoza natal. Coppoletta prepara una exposición para mayo de 2019 en la mítica ciudad española de Toledo, además de otra muestra en Madrid anunciada para febrero y en el medio va en proceso un mural para ser inaugurado los primeros meses del nuevo año.

Pero antes de volar tiene programado mostrar sus holografías para exponer a partir del 6 de diciembre en la flamante sala Cristófolo Colombo. «Es un experimento en 3D que estoy haciendo, como un collage holográfico en el que estoy trabajando», anticipa.

Actualmente, al artista lo inquietan los pisos como elementos de inspiración. «En algún punto hay un hilo conductor con lo que he hecho siempre. Geométricamente hoy estoy con la figura de los pisos que supongo será ese anhelo de tener donde afirmarnos», explica Coppoletta, si bien no abandona a la mujer como protagonista de la mayoría de sus series pictóricas. «El tema femenino está desde un principio en mi obra. Creo que soy un adelantado en esto de darles todos los derechos que se merecen, en todo mi trabajo como pintor la mujer es súper protagonista. Y en los guiones cinematográficos son heroínas», afirma quien percibe a su vez los tatuajes como «en un futuro ya incorporados a nuestra piel, diseños como algo orgánico», completa.

Estas ideas confluyen muchas veces todas juntas en la obra de Gustavo. «La idea es que de toda esa mezcla surja una imagen que va evolucionando», define. Y sentencia: «Cada idea tiene una serie, pero cuando la idea se agota paso a otra, aunque desoriente a mis seguidores. Ese es el riesgo que corro, de otro modo me aburriría».

Desde los 19 años, cuando colgó la carrera de Arquitectura, Coppoletta ha vivido en seis ciudades del mundo diferentes, ha expuesto en museos de tres continentes siendo el único argentino en exponer en museos de Arabia Saudita.

«Es muy loco ese lugar, fue una experiencia increíble, que me marcó. Fui invitado por el Gobierno en 2009, de otro modo no podés hacer una muestra en Arabia. Fue todo muy solemne y pomposo», rememora quien llevó sus famosas pinturas coloridas al Museo Nacional de Rihad, a la Casa de los Artistas en Jeddah y al Museo Nacional de Barhein.

«Convivir durante tres meses con culturas tan milenarias del Oriente fue muy fuerte», cuenta sobre esa vivencia en la que no pudo mostrar sus elogiados cuadros de piernas de mujer. «En Arabia Saudita me sugirieron que no mostrara nada de piel, así que llevé mi colección de cuadros de uvas en grandes dimensiones. Ahí llegué a un punto en que me di cuenta que mi sueño se había cumplido», dice.

Y lo hace en referencia a que su propósito desde niño, cuando tomó el pincel por primera vez a los cinco años, fue viajar por el mundo con sus obras. «Estando ahí, en Medio Oriente, no podía llegar más lejos. Sentí que lo que me había propuesto estaba concretado», explica sobre ese punto de inflexión en el que inició más en primer plano su carrera cinematográfica. Aunque, claro está, nunca abandona su primer amor, el lienzo.

«Empecé a dedicarle la mitad del tiempo al cine», confirma el realizador de El faldón que hoy, después de Voladora, está inmerso en otro desafío frente a la cámara: contar los días del general José de San Martín en París, mostrando otro rostro menos conocido del Libertador, más conectado con la alta sociedad europea.

Monsieur San Martín es el título de este proyecto cinematográfico que trata los años de San Martín en Francia, antes de Boulogne sur Mer, y su historia de amistad con Alejandro Aguado, quien era el hombre más rico de Francia y como eran grandes amigos, al morir lo deja a San Martín como administrador de su fortuna.

«Durante cuatro años, San Martín fue el hombre más rico de Francia, y administró entre otras cosas la colección Aguado que fue la colección de arte más grande ese momento. Ahí se centra la película, esa incursión de San Martín en el arte, una batalla desconocida para él que salió ileso gracias a la ayuda de Merceditas. Fue una travesía más bien espiritual para él», anticipa Coppoletta sobre su este filme que rodará el año que viene en España y Mendoza, y cuyo guión se basó en el libro Historia de una amistad del politólogo argentino Armando Puente.

De este modo transita su ruta artística Gustavo, un transeúnte de la cultura cosmopolita en permanente búsqueda creativa. Un camino que en su vida no corre, vuela.