El artista mendocino comparte fragmentos de su proceso artístico, atravesado por el dibujo, la pintura y la escultura.

«Yo no me considero escultor. Me parece que todo lo que hago forma parte de un mensaje: la escultura, la pintura, el dibujo, lo performático», se presenta Juan Gavras Quintero en el living de su casa de Guaymallén, porque su taller quedó cubierto por el agua con las últimas lluvias. Como muchos artistas, comenzó dibujando, con la admiración puesta en creadores como Chipo Céspedes o Eliana Molinelli, a quienes descubrió de pequeño, por cercanía o casualidad. «Crecí con la fuerte influencia de los dibujitos animados y ver la obra de estos artistas fue de algún modo vincular la escultura con los muñecos de mi niñez. Los personajes de mis obras plantean historias a veces fantásticas», dice el sanrafaelino por adopción, nacido en Buenos Aires e instalado en Mendoza desde que decidió seguir la carrera de Artes, más tarde Diseño Industrial y dejar inconclusas ambas formaciones.

«Pasa que cuando decidís dedicarte a esto, armar un taller o comprarte máquinas hay que elegir. Podría haber terminado la carrera pero me puse a hacer otras cosas. He realizado muchas puertas escultóricas que han sido un puntapié importante en mi formación», comparte el joven integrante del staff de Mundo Nuevo, la galería porteña a donde envía obras mensualmente para su exposición y comercialización, y gracias a la cual ha compartido el espacio con artistas de la talla de Carlos Alonso en el Museo Sívori. «Mi obra no es sólo 3D sino que también la dibujo». Las creaciones de Juan Gavras Quintero han viajado por Corea –en la Bienal de Arte Kiaf– y Buenos Aires –en la Feria Eggo–. Desde hace unos días es también parte de la Escuela de Educación Técnica Manuel Belgrano en San Rafael, donde hizo el secundario. Bipolar es el nombre de la escultura realizada en hierro forjado, protagonizada por el medio torso de un miriñaque descalzo, con un pájaro en su interior.

La animación y el stop motion forman parte de la búsqueda de Gavras Quintero. El cine es una clara influencia; también el subgénero de ciencia ficción Steampunk, el maestro Carlos de la Motta o el pintor y escultor Jean Tinguely. Luego de su muestra Humaquinos, en la que puso de manifiesto el ser a partir de la máquina, Juan desarrolló un proyecto con el objetivo de restaurar las esculturas de Mendoza que se encuentran en mal estado. Hasta el momento la propuesta se materializó en la escultura de Eliana Molinelli, Un pintor argentino, ubicada en la Plaza Arce, en San Martín Sur y Beltrán de Godoy Cruz. Además de reemplazar las partes oxidadas por nuevas, Juan realizó la limpieza de escoria, lijó, soldó y pintó la obra que homenajea la figura de Raúl Brie.

En el presente, en el futuro, Juan Gavras Quintero apunta a generar obra nueva: «Nunca quedarse con una receta sino que vayan despertando ideas a partir de propuestas de forma o color. No dejo de estudiar ni de leer. Me gustaría armar un taller grande para seguir restaurando piezas y dar clases de herrería artística o escultura. Hay muchos proyectos, algunos frenados, pero lo bueno es que propuestas culturales siempre existen», afirma el hombre que con cueros, hilos, reciclado de piezas industriales y carcasas genera fábulas poéticas mediante ilustraciones y esculturas que despliegan su vuelo propio.

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