Sus ilustraciones narran historias que encantan a los más chiquitos, a pesar de que su lenguaje trasciende las fronteras de la edad.

Mendocino, creador y autodidacta, el universo visual de Ernesto Guerrero es digno de ser conocido y descubierto en cada pequeño y vivo detalle.

Su “viejo” coleccionaba las históricas historietas de la Editorial Columba, con Nippur de Lagash, Dago o Gildamesh el inmortal, entre sus personajes más populares. Ernesto Guerrero dice que aún antes de saber leer y escribir, aprendió a interpretar en imágenes lo que en aquellas páginas maravillosas ocurría. Lejos de una vida familiar ligada a las delicias del arte, el creador mendocino jugó a imaginar los diálogos hasta entonces indescifrables de esas publicaciones y más tarde a crear sus propias historias dibujadas.

“Años después, en la primaria, mis padres intentaron enviarme a talleres de pintura, pero fueron un fracaso porque me enseñaban naturaleza muerta o paisajismo y en lugar de dibujar jarrones, yo quería hacer dinosaurios, robots, monstruos y todas esas imágenes de aquellas historietas para adultos o de los dibujitos animados que tanto me gustaba ver por las tardes de mi infancia, como los Thundercats, Robotech y los Halcones Galácticos”. A los 30 años -tiene 37-, comenzó su formación como ilustrador de manera autodidacta por medio de libros especializados en el tema y a través de diversos cursos y talleres.

Miembro del colectivo de ilustradores de Cuyo Zona Sísmica desde 2013, y de la Asociación de Dibujantes de Argentina Sede Mendoza desde 2015, Ernesto Guerrero ha estudiado en varias oportunidades junto al ilustrador argentino Mariano Díaz Prieto y también de la mano de Guillermo Decurguez, Diego Bianki, Daniel Roldán o Alex Dukal. En la actualidad y luego de haber realizado otros trabajos, sólo se dedica a la ilustración y su producción está orientada tanto a lo editorial como al desarrollo de su propia obra, que se especializa cada vez más en el género del libro álbum ilustrado.

“Siempre dibujé por gusto y pasión, pero nunca pensé que podía vivir de aquellos garabatos, quizás porque sentía que era imposible llegar a convertirme en aquellos referentes a los que admiraba en mi infancia. Después de varios trabajos, a los 30 años, decidí darle una oportunidad a mis queridos dibujos y fue que googleando descubrí lo que era la ilustración y sus posibilidades dentro del mercado”, comparte. “A veces empiezo con lo visual, narro sólo con imágenes y el texto aparece si es necesario, pero ahora que he realizado talleres literarios, una vez que tengo el texto la imagen aparece casi espontáneamente. Mi proceso a la hora de trabajar es sencillo: primero hago bocetos de los personajes, entornos e ideas y cuando eso está listo, paso todo en limpio a lápiz y tinta. Por último pinto con acuarelas y si es preciso realizo algún detalle de corrección en Photoshop”.

Una gran “debilidad” de Ernesto son los textos de otros escritores, un desafío que le resulta adorable siempre y cuando exista autonomía creativa y respeto por el estilo propio, aunque siente que la libertad es absoluta cuando por delante tiene proyectos de su propia autoría integral, lo que implica el dominio de las ilustraciones y su interrelación narrativa. En ese intento consciente por “contar”, Guerrero acude a escenarios imaginarios y reales con elementos que de un modo u otro hablan de sus propios intereses por la música, la gestualidad, los modos de actuar, la música, la vestimenta y la esencia misma de lo que transmiten sus obras.

“Dibujo mucho lo que me hubiera gustado ver a mí de niño y si bien mi formación y estudio de la ilustración está orientada a la literatura infantil y juvenil, intento que mi estilo sea agradable tanto para grandes como para chicos. He dado muchos talleres en escuelas, centros culturales y actividades dirigidas a los más pequeños y cuando trabajo con ellos siento que soy uno más del grupo que se sienta a dibujar y a crear historias en conjunto. Dialogamos sobre lo que les atrae, analizamos y hacemos críticas de diversos dibujos animados, películas o historietas, y me doy cuenta que les gusta todas las cosas que a mí me fascinan”, dice el ilustrador de los mil paisajes, considerado por sí mismo un “ermitaño del dibujo”.

Para conocer más sobre este artista: FB/ernestodibuja

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