El «obrero de la fotografía» tuvo el privilegio de trabajar durante tres años en el teatro Independencia. Aquí, sus recuerdos y sello artístico.

Mendoza es una de las plazas elegidas por muchos artistas para mostrar sus espectáculos y el Teatro Independencia, el escenario favorito. Eduardo Dolengiewich fue el fotógrafo oficial de la sala mayor durante tres años y en ese tiempo tomó imágenes en más de 540 espectáculos.

«Fue un trabajo riquísimo. Es un lugar mágico donde encontré cómo expresarme. Allí retraté gente de las más diversas ramas del arte», revela el artista que, en 2015, capturó un momento único para la provincia y el ballet a nivel mundial.

Es que Eduardo fue el encargado de retratar a Paloma Herrera en su despedida de los escenarios. El 8 de noviembre de ese año, la máxima estrella argentina de la danza  presentó «Giselle» junto al cuerpo de bailarines del Teatro Colón y sus movimientos quedaron en la retina de todos los presentes y en las tomas del fotógrafo mendocino que hoy forman parte del acervo del recinto porteño.

«Paloma estaba muy emocionada, con lágrimas en los ojos y las mejillas; al terminar la obra caminó hacia el público, se sentó, se quitó las zapatillas de punta y las ofrendó a la gente. Nunca vi una ovación tan larga en Mendoza. Me acuerdo que mientras eso sucedía, corrí por todos los pisos del teatro para capturar desde diferentes ángulos lo que estaba sucediendo; fue algo único. Ese es un momento imborrable y el más emocionantes que he vivido en el Independencia», recuerda el artista.

¿Qué sucede tras bambalinas?

 En camarines hay muchos nervios y mucha buena onda también. Ahí me crucé con muchos divos y divas pero lo que me ayudó a trabajar sin problemas fue el respeto. Tuve la oportunidad de estar con muchos grandes como Mijaíl Barýshnikov, Bruno Gelber, Nito Mestre, Jorge Marziali, Fito Páez, Charly García y con casi todos los teatreros mendocinos.

¿Crees que se necesita de una sensibilidad especial para retratar a artistas?

Sí pero también inspiración, cultura y transpiración. Yo digo que soy un obrero de la fotografía porque la inspiración te debe encontrar trabajando; uno también debe saber a quién se está fotografiando, conocer un poco la intimidad del personaje. A mi entender, hay que poner el ojo y el corazón para que, cuando uno lo crea conveniente, apretar el obturador y así conseguir «la» foto.

«Los fotógrafos tenemos el raro privilegio de detener el tiempo, de capturar esos momentos mágicos que quizás nunca volverán, de dejar el registro del presente para las generaciones futuras», precisa el artista que tiene en su haber 68 exposiciones individuales y que, en este noviembre, suma una más. «Una cierta mirada» es la muestra que presenta en el Espacio de Fotografía Máximo Arias y que cuenta con 70 fotografías de su autoría, tomadas en distintos lugares del mundo. «La exposición tiene que ver con una mirada, cámara en mano, de ciertos lugares con el reflejo de su cultura y sus paisajes», adelanta.

Dolengiewich aborda diferentes temáticas con su cámara con una estética única y una mirada humanista que lo destaca; su trabajo de autor se enfoca en el desnudo femenino artístico, en los derechos de las personas y en fotografías de viaje, étnicas y surrealistas.

¿Qué es la fotografía para usted?

La fotografía es mi vida, el medio por el cual puedo expresarme. Las fotografías que cada uno toma son los libros que ha leído, los momentos que ha vivido, la educación que uno tiene y es la forma que cada uno tiene de ver la vida.

 «Una cierta mirada». Lugar: Espacio de Fotografía Máximo Arias (Padre Jorge Contreras 1250, Parque General San Martín).

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