El artista visual de Buenos Aires expone en Mendoza, donde vivió tiempo atrás. Esta vez sus pinturas conviven hasta fines de julio con las obras de Egar Murillo en ArteH.

Utilizando muchos materiales, distintos soportes y técnicas, hice bastantes cosas: óleo, acrílico, dibujo, tinta, la computadora desde mediados de los ‘90, impresiones 3D… Y después, todo lo contrario: cosas bastante básicas con plasticola, enduido sobre madera y también acuarela, a la que siempre vuelvo». El que habla es el artista Diego Stigliano, que desde su Buenos Aires natal trajo las obras que integran la última muestra de ArteH, compartida con Egar Murillo, con curaduría y texto curatorial de Daniel Rueda. «Sublimación de los impulsos» es el nombre de la exposición que lleva la firma de este creador que en algún momento definió su recorte creativo como «surrealista-dada-linyera-pop».

Empezó a dibujar de niño y en las revistas de humor de la época encontró estímulos para coparse con la ilustración, especialmente con las publicaciones del inconfundible dibujante, pintor y escultor Carlos Nine. «Ahora, además de pintar e ilustrar, estoy haciendo objetos con distintos materiales, que presento en la muestra: obras movibles y que no terminan nunca, digamos». Lo que despierta la risa -en sus distintos registros-, pero también la fantasía y la oscuridad son importantes para el ecosistema de Stigliano, un sensible lector e intermediario de las teorías paranormales, los ovnis, la psicodelia, los robots, la expresión del inconsciente y el movimiento pop, en sus múltiples versiones.

«Me gusta el humor por el humor mismo y de todo tipo: gráfico, televisivo, en cine, series y programas. Estudié clown: me gustaba tanto, que estuve un año y medio siendo clown, pero me absorbía mucho tiempo y me quitaba toda la energía para pintar y dibujar, entonces tuve que elegir. Era muy divertido pero al mismo tiempo súper estresante salir al escenario, ensayar y todo eso. Hasta que lo dejé y volví a meterme más con las artes visuales», comenta. Desde entonces, cuando regresó de lleno a los lápices y las pinturas no lo hizo más desde el abordaje moderno y algo serio con el que se manejaba, sino con la cuota de misterio y ciencia ficción que atraviesa a muchas sus obras.

«Hay una película, «Recuerdos del futuro», que vi con mi hermana Gabriela y que nos voló la cabeza, pero también libros que se transformaron dentro mío de autores como Lovecraft o Philip Dick. Creo que al final todo está mezclado, los extraterrestres y lo esotérico con la vida cotidiana», afirma. En esa suerte de mixtura conceptual y material, Diego incorpora sus obsesiones y miradas sobre la existencia de mundos paralelos, sociedades robotizadas e imágenes de la decadencia.

A Mendoza llegó por amor en el año 2007 y hasta 2012 vivió en contacto con la naturaleza, la siesta, las costumbres y el circuito del arte local que lo abrigó entre montañas, incluido el proyecto abierto de gestión, producción y curaduría, Oficina de Arte Argentino, que llevaba adelante su por entonces compañera y artista, Pilar Bosia. «Ahí conocí a muchos amigos y enseguida entré en confianza con esta ciudad hermosa, al tiempo que trabajaba para Buenos Aires, para una agencia de diseño y la Editorial Atlántida.

Por eso no es la primera vez que Diego Stigliano expone en la provincia. Su obra llegó antes al Museo Municipal de Arte Moderno, Espacio Contemporáneo de Arte, Costado Galería, Oficina de Arte, Imagen Accesible, y hasta obtuvo el Primer Premio Adquisición en Dibujo en el Salón Vendimia 2011. «Tengo momentos muy bonitos para mí, inclusive con un grupo de montañismo con el que subí varios cerros», evoca el artista que comparte espacio de exposición con Egar Murillo. La muestra de este último en ArteH, «Nostalgia del presente», es una imperdible selección de trabajos de la última década. Un recorte heterogéneo profundo y conmovedor.

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