Un colectivo de Mendoza y otro de Buenos Aires crearon piezas inspiradas en el discurrir de los hilos, las montañas y las mujeres, con una curaduría bipartita y como un ejercicio de intercambio.

Desde el habitar y la experiencia, desde el territorio, la identidad y la geografía, doce artistas mujeres, de Mendoza y Buenos Aires, construyeron sus relatos acerca del paisaje y el aura que sobrevuela en la mesa cuando de manera individual o colectiva el bordado encuentra nuevos tesoros.

En la galería de arte de Bodega Salentein, una muestra reúne hasta marzo las obras que construyeron las artistas mendocinas Sandra Barrozo, Gabriela Romero, Natalia Quesada, Antonella Pezzola, Jimena Lusi y Agostina Francese, quienes reunidas bajo el «paralelismo» temático de la mujer y la montaña, crearon piezas sobre tela en el refugio de sus talleres y con la curaduría de Sofía Jacky Rosell, coordinadora del espacio Killka.

Por su parte, Stella Benvenuto, María Gracia Salinas, Dina Strauss, Marian Cvik, María Villanueva y Nadine Youssefian arrojaron la primera piedra en Buenos Aires con intenciones de realizar una residencia artística en Mendoza, y de una reunión espontánea con el director de la Galería Ambos Mundos, Eduardo M. Saubidet, curador de la exposición resultante, surgió más tarde el proyecto de exponer y junto a Sofía, de generar una experiencia local que fuera exhibida en simultáneo.

En las alturas de Tupungato, donde la artista Stella Benvenuto pasó parte de su infancia y en su finca que visita todos los años, las mujeres soltaron el ritmo de la ciudad porteña para habitar la naturaleza autóctona al tiempo que plantearon, punto por punto, la realización de un friso «narrativo» de ocho metros. Envueltas en el espíritu del trabajo colectivo, este grupo de bordadoras de Buenos Aires se dejó empapar por el entorno para volcar esa experiencia a la gran obra que representa «La Verdad», como denominaron al proyecto.

Las mendocinas, en cambio, tras reunirse y compartir sus producciones previas, decidieron abordar obras de manufactura individual y en «La resistencia del hilo» armaron sus retazos de memorias como mujeres de las montañas, así como muestras de sus distintos lenguajes expresivos. «Quisimos hablar de esto desde el lugar que cada una quisiera y desde donde cada una eligiera qué bandera quería levantar», dice Antonella.

Natalia Quesada se refiere a la presencia de las cumbres que envuelven y abrazan, a la inmensidad, el misterio y la belleza, al ser montañés. Antonella Pezzola traza la comunión que mujer y montaña configuran desde la fuerza, la potencia y la unión. Gabriela Romero rompe los límites entre orfebrería, arte y pintura, y Agostina Francese utiliza el hilo como herramienta de dibujo para recitar la poesía intangible de ambos universos.

En Jimena Lusi está presente el activismo y el diseño gráfico, y en Sandra Barrozo, la magia de lo infantil, lo femenino y lo ficticio en obras blandas para acariciar y recorrer las puntadas de su paisaje interior: «El bordado es eso: mujeres reunidas, compartiendo, creando momentos, intercambiando experiencias, escuchando, riendo, pensando…»

En el caso de las artistas de Buenos Aires, esos días en la naturaleza fueron la plataforma que definió la necesidad de hacer una obra colectiva que fuera testimonio de las vivencias que marcaron la residencia. «De forma natural y espontánea cada una tomó una temática que atravesara su vivencia. El río, las piedras, las montañas, el granizo y el sol, la presencia de las personas, lo ancestral y la naturaleza imponente fueron tomando forma en la producción», comparten sobre el proceso de lo expuesto en Killka hasta fines de marzo.

La muestra tiene lugar en el Espacio de Arte Killka de Bodega Salentein, en Los Árboles, Tunuyán. Para más información comunicarse al 02622 42-9570. Abierto de martes a domingo de 12.30 a 15.30 hs.